SOBRE EL SIMBOLISMO DE LOS «CIELOS PLANETARIOS»
28 de jul. de 2007
1) La sucesión de los «cielos» planetarios hay que entenderla como una ampliación de horizonte, si la contemplamos en el sentido Tierra-Plutón, y como una reducción del mismo, si la miramos en el sentido inverso, Plutón-Tierra.
2) Es decir, que el sentido Tierra-Plutón comienza en la manifestación mínima y desemboca en la máxima, mientras que el inverso va de la máxima a la mínima.
3) En la astrología tradicional (que todavía puede ser utilizada hoy, eso sí con contenidos simbólicos menos precisos que la «nueva»), Tierra-Plutón vendría sustituido por Tierra-Saturno, en donde la manifestación máxima era atribuida a Saturno.
4) Así, pues, y volviendo a la sucesión Tierra-Plutón, este último planeta representará la integración del ser en el ámbito de la manifestación total. Más que hablar de mística en sentido estricto y cristiano, habría que hablar de un acceso al «Sí» global, a la manera de Jung o del Vedanta. Es verdad que luego podrían hacerse aplicaciones al ámbito de la mística cristiana.
5) ¿Qué representa entonces la Luna? Puesto que es «simétrica» del Sol respecto de la Tierra, figurará la individualidad inconsciente o la «infraconciencia». Y también, si se la mira como el «cielo» más próximo a la Tierra, como la individualidad más «reducida» o la individualidad mínima.
6) Por lo cual el eje de los nodos lunares representará los puntos de contacto entre la «individualidad menor» («alma») y la «mayor» («espíritu»), de manera que semejante eje simbolizará la transformación de la esfera lunar en la solar o el acceso de aquélla a ésta.
7) Ahora bien, la esfera solar es la máxima a la que puede aspirar la Tierra, ya que el Sol es una estrella y, por tanto, el «centro». El eje nodal nos otorga, pues, el acceso al «centro».
8) Se trata, en definitiva, de integrar desde el «centro» los diferentes «cielos», que constituyen las sucesivas «periferias». Y así, desde este punto de vista, Neptuno y Plutón son las «periferias» más avanzadas y globales. Pero lo decisivo es situarse más allá de los opuestos y de las tensiones de la «periferia».
9) Y si la periferia es la circunferencia trazada desde el Sol mediante un radio, habrá que servirse de ese radio para volver al origen. ¿De qué índole es el radio? Expansión/contracción como claves del Tetragrama en su dimensión He-He, que discurre entre los polos Iod y Vau, la «corta» y la «larga», el «no manifestado» y el «manifestado».
10) Ahora bien, hay que distinguir entre el «radio real», es decir, el que corresponde a la existencia terrestre ( y que no es otro que el eje nodal y el de los equinoccios) y el radio de los demás planetas o estados de la manifestación (en su caso, el nodo planetario correspondiente).
11) ¿En qué se distingue el eje ecuador-eclíptica o eje de los equinoccios y el nodal? El primero establece el contacto «cuerpo»-«espíritu»; el segundo señala el contacto «alma»-«espíritu». En los dos casos, en el plano macrocósmico. Si queremos trasladarlos al microcósmico habrá que referirlos al ASC., que es respecto del horizonte lo que la Tierra entera respecto del Ecuador. Y, evidentemente, el ASC. simbolizará el «cuerpo» del microcosmos en su contacto con el «espíritu».
12) Si establecemos el tema de la posición de la Luna para la hora natal, el ASC. lunar será la «parte de la fortuna» y jugará su papel junto con el eje nodal.
Si la Luna simboliza el «alma» más próxima a la Tierra (que es el «sujeto»), los demás planetas señalarán «niveles» cada vez más abarcantes del ser, «periferias» con centro en el Sol, que, como estrella, pertenece a otro orden. Pues la Tierra, junto con los demás planetas, no es sino una de las «periferias» en torno al «centro».
De ahí la importancia del eje de los nodos lunares, que establece el contacto entre la órbita lunar y la eclíptica. Es, por tanto, lo que eleva nuestra «alma» lunar al nivel del «espíritu» solar. No en vano se llama a nuestro planeta el mundo «sublunar», como para señalar el punto más bajo a partir del cual nos elevamos a los «cielos». Ahora bien, entrar en contacto con la eclíptica no es únicamente elevarnos al 4º «cielo», sino también y con más propiedad, asumir la perspectiva del «centro», y hacerlo desde el «alma». Pues, desde el «cuerpo» ya la asumimos mediante los nodos terrestres, que establecen el contacto ecuador/eclíptica, es decir, Tierra-Sol. Esto, en lo que respecta al «macrocosmos»; el «microcosmos» es el ámbito de las «casas» y, en particular, del ASC.
A diferencia del eje nodal, que dice relación a la «fusión» o al contacto entre el plano lunar y el solar y, por tanto, señala un lugar o un escenario, los planetas son como actores o agentes. Son otras tantas «Tierras» que, según sus distancias al Sol, simbolizan «cielos» o «esferas» más o menos amplios. Así, Mercurio y Venus, planetas «interiores», representan mundos próximos al centro, mientras que los planetas «exteriores» representarán ámbitos cada vez más alejados, «cuerpos» más densos que la Tierra y, sobre todo, más amplios, menos individualizados, progresivamente más globalizadores. Por otra parte, cuanto más se aproximen a los límites del sistema solar, tanto más se acercarán a la «manifestación» última del centro solar.
En este sentido, el Tetragrama siempre nos proporciona una guía: el «Padre» es como el «Sol»; el «Hijo» es como la Tierra (y, por extensión, cualquier otro planeta); el «Espíritu» es como el «radio» o el «movimiento» o «contacto» entre Sol y Tierra (u otro planeta).
De manera que los sucesivos planetas son como otras tantas «manifestaciones» del «Hijo», las cuales tienden a consumar la «manifestación» del «oculto».
Así, Plutón simboliza: «Muerte al mundo», «experiencia del nuevo nacimiento», «bautismo», «muerte del hombre viejo», «desposorios místicos». Comparado con Neptuno, es como lo acabado respecto de lo incipiente. Neptuno denota «éxtasis», sin que el sujeto desaparezca, pues, pasado el «éxtasis», se produce el retorno a la conciencia normal. Plutón, en cambio, supone muerte a un estado anterior y nuevo nacimiento en otro estado. Es el factor destructor y regenerador. Según su posición, así afectará a este o aquel aspecto del ser. Plutón puede actuar como destructor y regenerador en varias esferas, no necesariamente en el «yo», para lo cual ha de conectarse con el ASC.
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