DE ASTROLOGÍA Y DE OTRAS MUCHAS COSAS…(II)
22 de ene. de 2007
P.: No acabo de ver, sin embargo, el porqué de ese desplazamiento desde la pura «voluntad de creer» desprovista de contenido hacia el saber astrológico.
En medio de la crisis
provocada por la escasez de cimientos racionales para la fe, busqué una
instancia que rebasara el ideal teórico de la ciencia y se abriese al mundo
invisible, una especie de pensar globalizador cuya lógica y cuya teoría del
conocimiento fueran tan rigurosas como las filosóficas y, a la vez, más
«precisas».
P.: ¿Debo entender
que la astrología se identifica con semejante saber?
Ése era mi desideratum,
no la realidad en la inmensa mayoría de los casos. Por eso hay que hacer varias
distinciones. Hay una astrología que se presenta a sí misma como «ciencia» y
trata de establecer correlaciones entre determinadas configuraciones o aspectos
astrales y ciertos hechos. Así Gauquelin tomó del registro civil una serie de
fechas de nacimiento de personalidades destacadas en tal o cual profesión o
actividad y cuyo reconocimiento fuese universal y las comparó con el planeta
presente en el Medio Cielo, lugar del éxito profesional en astrología.
Los resultados fueron muy esclarecedores: Saturno culminaba en los temas
astrales de científicos y matemáticos ilustres con mucha mayor frecuencia que
en personalidades «normales»; lo mismo ocurría con Júpiter en el caso de los
artistas, o con Marte, en el de los militares…De manera que el simbolismo que
la astrología tradicional atribuía a esos planetas parecía quedar así
confirmado…
P.: Sin embargo, por
lo que he oído, las correlaciones no eran lo suficientemente precisas. Marte,
por ejemplo, estaba elevado en los temas natales de militares, pero también en
los de deportistas insignes
Es cierto, y eso nos
lleva a plantear la cuestión de si las correspondencias pueden funcionar en el
terreno del «hecho» puro y simple. Y es que el saber astrológico es más
«tendencial» o «esencial» que empírico, algo que también podemos deducir de los
estudios realizados (por J. Barets) a propósito de la correlación entre el
momento en que una persona es promovida a un cargo socialmente importante y los
aspectos vigentes en esa fecha. De todos modos, hay que añadir que el
cálculo de probabilidades apoya muy fuertemente la correlación y reduce la
casualidad al mínimo. O sea, que todo ocurre como si el planeta en cuestión
estuviese poderosamente ligado a los hechos analizados (continuará).
COMENTARIOS:
o
Paco Boehmiano
Sí,
Emilio, totalmente de acuerdo. Creo que has visto perfectamente por dónde
apuntaban mis intuiciones.
Claro
que sería fascinante trabajar en esa ontología y teodicea de base astrológica,
con las precisiones que estableces. Además, pienso que hace mucha falta.
Leyendo no ha muchos escritos de teodicea de Leibniz (y es uno de los grandes)
me parecía que, pese a su interés objetivo, hoy se echa en falta otro tipo de
lenguaje: es preciso, también utilizar otros registros.
La
transposición analógica de símbolos e imágenes tan ricos para intentar trazar
puentes que ayuden a comprender cómo pueden unirse (sin confusión) los dones
del Espíritu (como los de ciencia, entendimiento o sabiduría) con la razón
natural, pues la gracia perfecciona nuestra naturaleza, es otra tarea apasionante.
Quizás hoy muchos teólogos y filósofos no lo vean así, pero ojalá nosotros
podamos aportar algo…
Gracias
y hasta que pueda tener otro ratico.
Gracias
una vez más por tus comentarios, Paco. Y voy a las preguntas que me planteas:
1) No
cabe una interpretación cuasi-sobrenatural de la característica astral. Los
planetas y el Zodíaco pertenecen a la esfera corpórea. Como tales, su influjo
se ciñe a esa misma esfera. La mejor forma de conceptualizarlos sería
incluirlos en el tratado «De passionibus», es decir, deberíamos de
considerarlos como otras tantas pasiones. Nuestro espíritu, por su unión con el
cuerpo, puede dominarlas o dejarse arrastrar por ellas (¡cuánta distancia entre
los adagios «Los astros inclinan, no obligan» o «El sabio dominará sus astros»
y el clásico «Fata volentem ducunt, nolentem trahunt», es decir, «Los hados
conducen al que colabora y arrastran al que se resiste», que a veces se ha
interpretado en un sentido acomodaticio, como si se tratara simplemente de
cuestiones de «prudencia» o de «suavidad»). Pero siempre nos movemos en el
ámbito de la libertad, ya sea en su aspecto intelectual (nuestros conceptos
rebasan el espacio y el tiempo) o en la esfera de la decisión propiamente dicha
(al optar, la voluntad se mueve también por encima del espacio y del tiempo,
que es justamente en el que se sitúan los astros).
2) En
virtud del principio de analogía, podemos utilizar los planetas y el Zodíaco
como símbolos de un «campo de fuerzas» que funcionaría a niveles diferentes del
físico. Y así diríamos que Júpiter simboliza la «expansión» o la «benevolencia»
o la «protección» en la esfera espiritual, por ejemplo. Pero para efectuar esa
transposición tendríamos que tener la justa experiencia de lo que significan
esos conceptos en el plano que nos ocupa. Ello supondría, por ejemplo, saber
qué es una «voluntad benéfica» (¿a lo mejor la «buena voluntad» kantiana?) ¡Me
temo que Kant pensaría que esto es algo así como los «delirios de un
visionario»!). Es decir, el lenguaje astrológico es de una enorme riqueza (de
hecho, fue utilizado por sabios y santos para expresar de algún modo los
distintos niveles de la realidad). Incluso podría ser empleado para describir
de algún modo los atributos divinos. Claro que un Tomás de Aquino nos diría:
«Aplícales ahora la vía positiva, la negativa y la de eminencia», a saber,
«Purifica los símbolos y, acto seguido, aplícalos a la Divinidad». Siempre, el
problema será su recto uso. En este sentido, un proyecto fascinante sería
construir una Ontología Y una Teodicea de base astrológica. Siempre he
procurado trabajar en esa dirección…justamente por la enorme capacidad de resonancia
que posee la simbólica astral. Pues bien, con todas estas precauciones nos
estaríamos moviendo al nivel de la «razón natural».
3) ¿Ha
dejado el Espíritu señales en la Naturaleza que puedan hablar a nuestro
espíritu? -preguntabas a continuación, aludiendo a un plano cuasi sobrenatural.
Sí, pero para descubrirlas es necesario que la gracia divina presente en
nosotros a través del carisma adecuado nos ilumine. En otro contexto, Joseph
Ratzinger ha establecido una analogía entre la gracia y algunas composiciones
de Mozart (de quien es admirador incondicional): el mundo está ahí tal como es,
con sus luces y sus sombras. ¡De pronto interviene el genio de Mozart y estamos
en el Cielo! Se comprende entonces lo peligroso que resultaría tratar de forzar
esa transformación sin la ayuda de lo Alto.
o
o
Paco Boehmiano
En
efecto, Emilio, las esencias, arquetipos, figuras o signaturas… En fin, las
formas del entender simbólico (intellectus consurgens, habría que llamarlo)
hablan y apuntan más allá de datos o correlaciones precisas y científicas.
Esta
capacidad de leer en el interior de los símbolos, su resonancia a varios
niveles abre el pensar y prepara a la conciencia para alguna clase de bodas
alquímicas. Se empieza a ver con sentido de totalidad, en cada aspecto, en cada
detalle, en cada nombre angélico, en cada ámbito de potencias…
Y me
parece que siempre has tenido razón en poner límites a esta pretensión de
interpretación universal (por loque sea, por motivos de sutileza sobrenatural,
o porque captamos límites en nuestra inteligencia o en sus formas de
expresión). «Que es algo más que materia, pues el espíritu se esconde detrás»,
me parece que decía una canción de Aute (que me disculpen los puristas).
De
todos modos, te pregunto: Desde el hombre interior, desde el quicio del mundo,
con los «resabios» o mejor, sabores de la lengua natural (¿perdida?), desde la
luz que viene de lo alto, ¿se podrían tender puentes para una interpretación
cuasi sobrenatural de la característica astral? ¿No deja también el Espíritu
señales en la Naturaleza (o naturaleza) que pueden hablar al espíritu? ¿Es un
camino peligroso para recorrer? ¿Se pueden unir los mundos y los niveles, por
supuesto sin confundirlos ni romper la jerarquía sagrada?
Gracias.
Paco
Bohemiano.
o
emilio
No es
que no haya que tomar en serio las correlaciones de M. Gauquelin. Lo que ocurre
es que son incompletas (más precisos son los estudios de Jean Barets). Por lo
demás, el saber astrológico se mueve más allá de la ciencia, no más acá: al
ocuparse de símbolos y de «esencias», no puede quedar reducido a correlaciones
unívocas planeta-hecho o algo así. De ahí que su campo propio sea el de la
filosofía (ya la concibamos como fenomenología trascendental o de otro modo).
o
Cris
Hmm….realmente
no creo que se deban tomar tan en serio las estadísticas de Michel Gauquelin;
después de todo, estaban hechas para refutar la astrología (aunque,
irónicamente, ahora sean uno de los caballitos de batalla de los astrólogos), y
en todo caso, hicieron que se tomara la relación entre los hombres y los
planetas como un tema científico…xb
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