DE ASTROLOGÍA Y DE OTRAS MUCHAS COSAS…(III)

27 de ene. de 2007


P.: Parece más correcto entonces decir que la astrología es un «arte» más que una ciencia…

Sí, siempre que ello no suponga inferioridad alguna del «arte». Ocurre que el saber en cuestión se encuentra como en su elemento en la captación de «esencias» que se aplican con mayor o menor acierto a un conjunto de «hechos» a través de la intuición, que no del solo razonamiento. En efecto, aquí no nos limitamos a «agrupar» observaciones empíricas al modo de la ciencia; la intuición va más lejos, aunque no deje de ser «conjetura», rayana a veces en la «videncia».

P. : ¿Debo entender que ha habido intentos de concebir la astrología como algo más que un «arte», por ejemplo, como un sistema completo y acabado en sí mismo, como una filosofía o una gnosis?

Indudablemente, aunque escasean. Así, por ejemplo, los de la llamada astrología estructuralista, más o menos inspirada en la fenomenología genética desarrollada por Raymond Abellio y que desemboca en la estructura absoluta. Su representante principal fue el astrólogo francés Jean Carteret. Yo mismo pertenecí durante algún tiempo a esa corriente (aunque siempre con algunas reservas, las que se derivan de los postulados de la fe cristiana), que se presenta como una gnosis, un saber absoluto y salvífico.

P.: ¿Cuáles son esas reservas?

Se resumen en lo siguiente: pretender que el ente humano es capaz de ser portador de la «conciencia absoluta» comporta una hybris, un endiosamiento siempre desmentido por la realidad de las cosas, por muchas distancias que se tomen frente a Hegel y por mucho que se hagan valer los hallazgos de la fenomenología de Husserl en lo que se refiere a la intencionalidad y a la indisociabilidad de sujeto y objeto. (continuará)

P.¿Es la astrología un saber conjetural?

Y muy desarrollado, al menos en quienes han profundizado en ella, pues aúna la intuición y la capacidad de análisis. Únicamente así cabe confrontar con rigor el a priori y el a posteriori, estableciendo en cada caso el nivel de interpretación oportuno mediante un feedback que pone a prueba y corrige siempre que es necesario el principio de analogía, base de la hermenéutica astrológica, en su aplicación concreta.

P.El influjo de los planetas, como cuerpos que son, no puede rebasar el espacio-tiempo, al menos directamente. ¿Y de modo indirecto?

Es claro que sí. Veamos cómo. En el plano del intelecto, en la medida en que éste se deja «fascinar» por el «aquí» y el «ahora», olvidando su capacidad abstractiva, que le faculta para «sobrevolar» el espacio y el tiempo y, por tanto, para trascender el ámbito puramente físico. En lo que respecta a la memoria, en la medida en que ésta queda reducida al mundo de los «hechos», en lugar de abarcar el ámbito de las ideas y de verse a sí misma como el lugar en que se revela la identidad personal en medio del flujo de los recuerdos y de las experiencias. En cuanto a la voluntad, puede experimentar el influjo astral cuando se deja arrastrar por los impulsos, instintos y pasiones corpóreos, olvidando que su campo propio, como en el caso de la memoria y del intelecto, se sitúa a distancia del «aquí» y del «ahora».

P.¿Quiere eso decir que el simbolismo astral solo puede ser empleado en las «estribaciones» de la realidad corpórea y no más allá?

Evidentemente, no. En virtud del principio de analogía, en el que se aúnan identidad y diferencia, el lenguaje astrológico puede aplicarse a todas las esferas del ser, salvadas, eso sí, las distancias. Por ejemplo, el simbolismo en cuestión puede utilizarse con provecho en psicología, en epistemología, en ontología…Y, por supuesto, en cada caso habrá que aplicar con rigor el principio de analogía.

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