DE ASTROLOGÍA Y DE OTRAS MUCHAS COSAS…(I)
19 de ene. de 2007
PREGUNTA: Observo que en su blog aborda con frecuencia cuestiones relacionadas con la astrología. ¿A qué se debe tanto interés?
Aludiré, en primer
lugar, a algunas vicisitudes biográficas. Mi encuentro con este saber se
remonta aproximadamente a los años 1965-66 y hay que situarlo en el contexto de
una crisis de la religiosidad con la que había tomado contacto en la época
final de mis estudios teológicos. Me refiero a la llamada teología de la
secularización. A fuerza de insistir en el carácter no religioso del
cristianismo, se corría el peligro de diferenciarlo de las religiones hasta el
punto de olvidar o de minusvalorar la apertura «natural» del hombre a la
Trascendencia. Una Trascendencia que, por otra parte, parecía haber quedado
diluida a través de la encarnación de Dios en Jesús de Nazaret.
P.: ¿En qué sentido?
La iniciativa de Dios
de hacerse presente en el mundo y en la historia se presentaba como una especie
de abandono de su propio ser y una identificación con el Dios de la historia,
con el hombre Jesús, interpretando así de un modo radical la muerte de Dios
en Cristo. Bien es verdad que mezclada con la teo-antropología de
Hegel y su concepto del Viernes Santo especulativo.
P. : Me gustaría que
clarificase un poco más este punto.
Por un lado, se subrayaba
de tal manera la muerte de Dios en Cristo que se la consideraba como
algo aislado en sí mismo, como algo separado del acontecimiento de la
Resurrección. Por otro lado, esta misma muerte era comprendida en el sentido
hegeliano, es decir, como un estadio más dentro del autodesarrollo del
Absoluto, un estadio que debía desembocar en una nueva dimensión del Absoluto,
el de la Divinidad hecha hombre. Dios quedaba así como rebasado en el hombre.
P. : No alcanzo a
intuir qué relación guarda todo esto con la astrología
No adelantemos
acontecimientos. No obstante, para no perdernos en reflexiones demasiado
prolijas, diré que la teología de la muerte de Dios supuso para mí una
experiencia en la que se combinaba una fe entendida como pura voluntad de
creer con una ausencia de contenido conceptual. A fuerza de reivindicar la
originalidad del cristianismo, su distanciamiento de las religiones, se
olvidaba su continuidad con ellas y, al subrayar la dimensión de la fe, se
dejaba a un lado la razón. Pues bien, en la medida en que yo empezaba a echar
de menos la dimensión racional del cristianismo, comencé a interesarme por los
saberes que se servían de la razón simbólica, basada en el principio de
analogía. Y así se entiende mi interés por los distintos sistemas simbólicos,
uno de los cuales es la astrología. (continuará)
COMENTARIOS:
José
Luís Samper Martínez
Encuentro
interesante la decisión de buscar en saberes simbólicos la racionalidad de la
fe. La filosofía ayuda a justificar la teología, pero no a contrastar la
vivencia de esa fe con uno mismo. Lo que se echa de menos, creo, en la
racionalidad filosófica de las teologías es su compromiso con la realidad y la
vida concreta de creyente. Es útil para establecer la doctrina, pero no tanto
para descubrir las relaciones entre las distintas experiencias que comporta el
camino de la fe. En este sentido creo que la razón simbólica complementa a la
razón como instrumento al servicio de la teología, ya que enriquece la doctrina
de contenido concreto y vivencial.
No
obstante, queda la pregunta: ¿cómo fue escoger la astrología y no otro saber
que también tuviera en su base el principio de analogía? ¿Qué experiencia,
descubrimiento o encuentro llevó a la astrología?
Gracias,
José Luis, por el comentario. El motivo por el que me decidí por el sistema
astrológico, no obstante haberme interesado por todos los sistemas simbólicos
en un principio, fue el siguiente: la objetividad de los datos de que parte, a
diferencia del Yi-King, el Tarot, la geomancia, en cuyo manejo interviene la
subjetividad de la intuición que les sirve de base (lo que, evidentemente, no los
invalida en modo alguno; pero cada uno ha de utilizar el sistema que mejor se
ajuste a su modo de ser o a su inteligencia). Y es que la astrología es una
especie de «poesía matemática» o de «matemática poética», pues aúna exactitud y
«resonancia». No en vano los antiguos y los medievales aplicaban a los
astrónomos (que, a la vez, eran astrólogos; la no división entre uno y otro
saber la encontramos todavía en Kepler) el apelativo de «mathematici». Por lo
demás, es curioso que lo que más me atrajo después de la astrología fue la
numerología. Evidentemente, en mi interés por el arte astrológica también
influyó el encuentro con personas como el astrólogo francés Jean Carteret, pero
eso ocurrió más tarde.
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