PRECISIONES SOBRE EL NÚMERO 6
22 de oct. de 2006
En otro lugar de este blog citábamos un texto de
san Agustín en el que hacía alusión a su condición de número perfecto,
es decir, el que iguala a la suma de sus divisores (6=1+2+3).
Sin embargo, semejante perfección hay que
entenderla bien. En el libro del Génesis, el hombre es creado en el día
6º, lo que viene a significar que con él se llega a la perfección de la misma.
Pero tal perfección, con ser completa, no es
absoluta. El hombre es solo un «vicario» de Dios en la creación y puede no
representar bien sus funciones, de manera que, de «rey» de la creación puede
degenerar en tirano.
No en vano se habla de la tentación a propósito
del 6. Y, de hecho, la tentación se produjo y desembocó en la caída original.
En astrología, un importante ciclo está
relacionado con el 6: las conjunciones del eje de los nodos lunares con el de
la «Luna negra». Si el primero representa los dos «umbrales», el «interior» y
el «exterior», el otro marca los dos extremos de la subjetividad. Se comprende
el riesgo de presentarse ante el «tribunal» sin la debida preparación.
Por eso el ciclo de 6 años coincide con una
tendencia a «meterse en camisa de once varas» o a «ponerse las botas de siete
leguas», ya sea que uno busque voluntariamente situaciones de este tipo o que
se vea envuelto involuntariamente en ellas. Evidentemente, se trata de una
inclinación o de un condicionamiento, nunca de un determinismo.
Otra ilustración: sabida es la tendencia del
poeta y del artista en general a caer en una «hipertrofia del ego». Así, el
«entusiasmo» de quien ha recibido un don «divino» deriva en un «endiosamiento»
a que el «genio» nos tiene acostumbrados.
¡Cuánto tenemos que aprender de los artistas
anónimos de la Edad Media! Lo han señalado algunos autores, pero vale la pena
recordarlo en estos tiempos apocalípticos.
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