NÚMEROS, ASTROS Y OTROS SÍMBOLOS
10 de jun. de 2007
-El simbolismo numérico es clave para entender los demás, ya que supone una
«red» universal de relaciones que brota a partir de los dígitos o de
cualquier otra base. Es verdad que cualquier otro sistema simbólico, por
ejemplo, el astrológico, puede establecer otra red semejante. Así, el
equivalente astrológico de la base decimal serían los 10 planetas hoy
utilizados, de manera que los demás «números planetarios» serían engendrados
por estos «números planetarios» simples. Tendríamos, por ejemplo, el «número»
«Sol-Luna» o el «Marte-Júpiter», etc. En uno u otro sistema, lo importante es
el carácter universal de semejante lenguaje, que permite el diálogo entre
hombres de diferentes culturas.
-Por otra parte, no importa el número de símbolos que componen la base,
puesto que, en definitiva, pueden combinarse de infinidad de maneras, dando así
cuenta de la multiplicidad de lo real.
-¿Qué decir de la asociación número-letra que caracteriza al texto hebreo
del Antiguo Testamento? Parece claro que las palabras pueden ser traducidas,
no así los números, que poseen un carácter universal. Por tanto, sea
cual sea el idioma al que se vierta el texto bíblico, le acompañarán siempre
los mismos números.
-Convendría calcular el valor numérico del texto bíblico, a fin de
contar con los números que lo acompañan, que, evidentemente, serían los mismos
para cualquier versión, para lo cual es muy útil establecer un diccionario
de valores numéricos. Y lo mejor sería establecerlo a partir del Davidson,
que contiene todas las raíces. El diccionario contendría, pues, la palabra
hebrea, precedida de su versión castellana y seguida de su valor numérico.
Ello nos permitiría una exégesis más rápida y completa de cualquier pasaje. Por
lo demás, dicho diccionario podría utilizarse para cualquier reflexión
filosófica o teológica en la que apareciese un vocablo bíblico.
-¿Qué otra utilidad tendrían estos valores? Aparte de servir de tema
de reflexión podrían utilizarse como instrumento o soporte de meditación.
Ello aportaría quizá una sintonía numérica con el texto hebreo, una
sintonía que facilitaría la reflexión y la oración: la primera, porque
potenciaría la capacidad meditativa y metafísica; la segunda, por la resonancia
que comportan los números.
–Algunas correspondencias entre ciclos astrales y números:
«Luna negra»….17,6 años aprox.
Eje nodal…..18,59 años.
Luna progresada…..27,321 años aprox.
Rev.Júpiter: 11,86 años.
Rev.Saturno: 29,45 años.
-He aquí algunas «ilustraciones astrales» de los números del
alefato:
1. Sol (1 año)
2. Marte
3. Luna negra»opos. «Dragón»
4. 2rev. de Marte
5. 1/4 Júpiter-Saturno
6. Luna negra»-«Dragón»
7. Urano en un signo
8. 2/3 rev.Júpiter
9.1y1/2«Lunanegra»-«Dragón»
10.1/2Júpiter/Saturno
11.aprox.1/4Saturno-Urano
12.aprox.rev.Júpiter
13.aprox.Júpiter-Neptuno
14.Urano en 2 signos
15.3/4 Júpiter-Saturno
16.1 1/3 Júpiter
17.aprox. 2 rev.»Luna negra»
18. 3 «Luna negra»-«Dragón» y aprox. «Dragón»
19.ciclo metónico
20.Júpiter-Saturno
21.Urano en 3 signos
22.aprox.1/2 Saturno-Urano
23.aprox.1/2 Saturno-Urano
24.2 rev.Júpiter
25.2 Júpiter-Plutón
26.2 Júpiter-Neptuno
27.aprox. mes lunar sideral.
PRINCIPALES CICLOS EN LA ESCRITURA
Si admitimos, con Grant R. Jeffrey (ver su obra «Armagedón»), que las
profecías bíblicas utilizan el año de 360 días (y no el habitual de
365,2563..), los principales ciclos a tener en cuenta en la Escritura serían
los siguientes (aquí aparecen relacionados con algunos ciclos planetarios):
40 días
7 años=2520 días (a diferencia de 2556,79)= 1/2 Júp/Urano
40 años=14400 días (« « » 14610,25)=1,985 Júp/Sat
50 años=18000 « (« « « 18262,81)=3,956 Júp/Plu
70 años=25200 « (« « 25567,94)=4,996Júp/Ura=3,5Júp/Sat
430 años=154800 « (« « » 157060,2 )=5,04 Urano
490 años=176400 « (« « » 178975,58= unos 130 días más que
Nep/Plu)=25,966″Dragón»=34,972 Júp/Urano
2520 años=907200 » (« « » 920445,87)=9.999 Plutón
2000 años=720000 » (« « » 730512,6 )=4,02 Nep/Plu
6000 años=2160000 «(« « 2191537,8 )=12,06 Nep/Plu
7000 años=3600000 «(« « 2556794,1 )=500 Júp/Ura=350 Júp/Sat
Si empleamos, pues, el año de 360 días, las cifras indicadas en este número
a propósito de los periodos principales de la Era cristiana experimentarían
algunas leves modificaciones. En concreto, habría que reducirlas en unos 5 años
aproximadamente.
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